Ayer, los programas de espectáculos difundieron el contenido de un mail enviado por Érica Rivas dirigido a los guionistas de la versión teatral del programa Casados con Hijos. En el mismo, la actriz cuestionaba y a la vez realizaba observaciones sobre giros y chistes del libreto que descansaban en cuestiones como el veganismo o el vello de un bozo femenino.

«¿De qué nos vamos a reír ahora? ¿Qué le vamos a dar a la gente para que sería? ¿Cuál es nuestro compromiso en este nuevo paradigma?» se preguntó Érica y abrió el debate.

En tiempos donde las luchas ponen en jaque los privilegios, generar contenido en los cuales el humor vuelve a ser reproductor de estereotipos y prejuicios pareciera no estar en sintonía.

Y mientras los panelistas de espectáculos utilizan la ideología como insulto y acusan a la actriz de maleducada; las redes sociales mezclan feminismo con dictadura y derecho laboral con misoginia. Cayendo así en el uso ejemplos que no hacen más que reducir e invisibilizar la discusión de fondo, al preguntarse si alguien pudiera creer que representar a Otelo convierte en femicida a un actor.

Pero hay más ejemplos. En el año 2013 el actor Ricardo Darín rechazó el papel de un narcotraficante porque el libreto indicaba que debía ser mexicano. «¿Todos los narcotraficantes son latinoamericanos?» cuestionó. En ese momento la prensa tituló «Cuando Darín le dijo no a Hollywood». Nadie habló de ideología, sólo de «principios por encima del dinero».

Todavía estamos a tiempo de volver a pensar qué es lo que realmente nos molesta cuando una actriz rechaza un libreto que no representa sus intereses ni creencias. Todavía estamos a tiempo de ver que no es a Érica a quién el papel le queda grande.

Natalia Maciá

Licenciada y profesora universitaria en comunicación social.

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